miércoles, 24 de julio de 2019

Tocar a Cristo con la fe no con los sentidos

https://www.tekton.info/tocar-a-cristo-con-la-fe-no-con-los-sentidos-san-bernardo/

No me toques, que aun no estoy arriba con el Padre». Como si cuando haya subido, quisiera que lo tocasen o fuese ello posible. Claro que podrá; pero con su afecto, no con sus manos; con el deseo, no con la mirada; con la fe, no con los sentidos. ¿Por qué quieres tocarme ahora, si valoras la gloria de mi resurrección por lo que te dicen los sentidos? ¿No sabes que durante el tiempo de mi mortalidad, los ojos de mis discípulos no pudieron soportar la gloria de mi cuerpo transfigurado, que aún debía morir?

lunes, 8 de julio de 2019

CARTA DE CARIDAD

La importancia capital de la Carta de Caridad en su forma definitiva, tal como ha sido conocida durante siglos enteros, radica en que logró el feliz equilibrio entre autoridad central y autonomía local, evitando de esta forma, por un lado, los peligros latentes en controles demasiados rígidos, como el de Cluny, y por el otro, la falta de cohesión que ha sido la ruina de muchas prometedoras congregaciones reformadas. Cister seguía siendo el corazón y centro de la nueva Orden, y su abad, el símbolo viviente de la unidad. Pero, en franco contraste con Cluny, no podía ejercer poderes ilimitados en el gobierno. La máxima autoridad recaía en la reunión anual de todos los abades cistercienses, el Capítulo General, congregado tradicionalmente en Cister el 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. La función primordial del Capítulo, bajo la presidencia del abad de Cister, consistía en mantener una disciplina monástica uniforme al más alto nivel posible, de forma que «todos pudieran vivir unidos por el lazo de la caridad, bajo una misma regla, y en la práctica de las mismas costumbres». En consecuencia, se esperaba que el Capítulo reprimiera abusos, castigara delitos e hiciera reajustes ocasionales por medio de una nueva legislación o modificaciones oportunas a las costumbres establecidas. La visita anual a cada abadía por el abad de la casa fundadora constituía el medio de ejecución y de control local. La visita de «los padres inmediatos» tenía por objeto hacer correcciones, o en casos extremos, comunicar sus impresiones al Capítulo, que autorizaba medidas adicionales para ser llevadas a cabo por ellos mismos. Cister, al no tener casa madre, debía ser visitada simultáneamente por los abades de sus cuatro primeras hijas, los abades de La Ferté, Pontigny, Claraval y Morimundo, conocidos posteriormente bajo el nombre colectivo de «protoabades». Sin embargo, a pesar de los múltiples controles, cada abad era libre de gobernar su comunidad sin interferencias externas indebidas, siempre y cuando su monasterio se mantuviera dentro de las normas fijadas. Al lado de las disposiciones constitucionales, el Capítulo instaba a la ayuda mutua cuando había necesidades materiales o una emergencia, alentaba la hospitalidad, regulaba el orden de precedencia entre los abades, dictaba procedimientos para las elecciones abaciales, y especificaba medidas admonitorias o punitivas contra los abades negligentes o indignos.




https://www.cistercensi.info/storia/storia03es.htm

viernes, 8 de febrero de 2019

Dulces monásticos





Desde hace unos meses se pueden comprar en nuestro monasterio diferentes variedades de dulces. Elaboramos empanadas de atún, magdalenas, pastas, bizcochos, tartas de manzana, pasteles de hojaldre, hojaldritos rellenos, etc.

Os animamos a que los probéis y esperamos sean de vuestro agrado.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Sermón de san Bernardo sobre el conocimiento de uno mismo.

del Señor

Si estamos bajo el dominio de la ignorancia de Dios, ¿cómo vamos a esperar en aquel a quien ignoramos? Y si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo podremos ser humildes, pensando ser algo, cuando en realidad no somos nada? Y sabemos que ni los soberbios ni los desesperanzados tendrán parte o comunión en la herencia de los santos.

Considera, pues, ahora conmigo con cuánto cuidado y solicitud debemos desterrar de nosotros estos dos tipos de ignorancia, el primero de los cuales es el origen de todo pecado, y el segundo, de su consumación; cómo, por el contrario, los dos conocimientos opuestos —de Dios y de nosotros mismos— son respectivamente el principio y la perfección de la sabiduría; uno el temor del Señor y el otro la caridad.

Porque, así como el principio de la sabiduría es temer al Señor, así el principio de todo pecado es la soberbia; y como el amor de Dios se atribuye a sí mismo la perfección de la sabiduría, así la desesperación reclama para sí la consumación de toda malicia. Y así como de tu propio conocimiento nace en ti el temor de Dios, y del conocimiento de Dios se origina el amor al mismo, así, contrariamente, de tu personal desconocimiento surge la soberbia, y de la ignorancia de Dios procede la desesperación. Así, pues, la ignorancia de ti mismo te acarrea la soberbia, pues engañado por una mentalidad ciega y falaz, te crees mejor de lo que en realidad eres. Precisamente en esto consiste la soberbia, aquí está la raíz de todo pecado: en considerarte a tus ojos mejor de lo que eres ante Dios, mejor de lo que eres en realidad.

No existe, pues, peligro alguno, por más que te humilles, por más que te consideres menos de lo que eres, es decir, menos de lo que la Verdad te valora. Es, en cambio, un gran mal y un peligro horrendo si te crees superior, por poco que sea, a lo que en realidad eres, o si en tu apreciación te prefieres aunque sólo sea a uno de los que tal vez la Verdad juzga igual o superior a ti. Un ejemplo aclarará la idea: si pretendes pasar por una puerta cuyo dintel es excesivamente bajo, en nada te perjudicará por más que te inclines; te perjudicará, en cambio, si te yergues aun cuando no sea más que un dedo sobre la altura de la puerta, de suerte que te arrearás un coscorrón y te romperás la cabeza. Así ocurre a nivel espiritual: no hay que temer en absoluto una humillación por grande que sea, pero hemos de tener un gran horror y temor al más mínimo movimiento de temeraria presunción. Por lo tanto, oh hombre, no te atrevas a compararte con los que son superiores o inferiores a ti, no te compares con algunos ni siquiera con uno solo. Porque ¿qué sabes tú, oh hombre, si aquel uno, a quien consideras como el más vil y miserable de todos, qué sabes —insisto— si, merced a un cambio operado por la diestra del Altísimo, no llegará a ser mejor que tú y que otros en sí, o si lo es ya en Dios?

Por eso el Señor quiso que eligiéramos no un puesto mediano ni el penúltimo, ni siquiera uno de los últimos, sino que dijo. Vete a sentarte en el último puesto, de modo que sólo tú seas el último de todos los comensales, y no te prefieras, ni aun oses compararte, a ninguno.




sábado, 8 de septiembre de 2018

Procesión de la Virgen de san Lorenzo

Natividad de la Virgen
Hoy celebramos la muestra, el primer signo del Plan trazado por Dios: de dos padres ancianos, pero fieles y tremendamente  confiados en Él, nacería una preciosa niña, la que sería su 'elegida', elegida de Dios para ser Hija del Padre, Esposa del Espíritu Santo y Madre de Jesucristo.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Señor, quiero convertirme a ti

Señor, quiero convertirme a ti...,
             dejar mis caminos y mis juicios humanos
             y empezar a caminar por tus caminos...

Señor quiero que seas la única ocupación de mi vida
            que la obsesión de mi corazón seas tú, sólo tú...

Señor, quiero convertirme, día a día, más a ti,
             en los pequeños detalles que constituyen
              mi trabajo diario..

Señor, ayúdame a convertirme a ti,
             Yo solo no puedo....
              Tanto lo he intentado y siempre vuelvo
               a quedarme encerrado en mi....

Señor, ayúdame a convertirme a ti.....
             Sal a mi encuentro,
              alienta mi esfuerzo,
               acoge mis pasos vacilantes.....

Señor, ayúdame a empezar cada día,
             sin desanimarme por la debilidad de ayer....
             Hoy es un día nuevo sin estrenar.......
              Y quiero convertirme a ti.

Señor, ayúdame a convertirme a ti...
             Que sienta en mi corazón tu Espíritu,
              como una luz
              que ilumina mi camino hacia ti......
               y que me impulsa con el calor de su amor.

Señor, convierteme Tú a ti........
             Después del intento de cada día,
              se tu mi hogar donde me encuentre contigo
               al atardecer del dia.....

Señor, convierteme a ti......
             Se tú mi descanso......,
             mi sueño..........,
             mi amanecer de cada día........
Señor, convierteme a ti........
Señor, convierteme a ti............