lunes, 10 de septiembre de 2018

Sermón de san Bernardo sobre el conocimiento de uno mismo.

del Señor

Si estamos bajo el dominio de la ignorancia de Dios, ¿cómo vamos a esperar en aquel a quien ignoramos? Y si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo podremos ser humildes, pensando ser algo, cuando en realidad no somos nada? Y sabemos que ni los soberbios ni los desesperanzados tendrán parte o comunión en la herencia de los santos.

Considera, pues, ahora conmigo con cuánto cuidado y solicitud debemos desterrar de nosotros estos dos tipos de ignorancia, el primero de los cuales es el origen de todo pecado, y el segundo, de su consumación; cómo, por el contrario, los dos conocimientos opuestos —de Dios y de nosotros mismos— son respectivamente el principio y la perfección de la sabiduría; uno el temor del Señor y el otro la caridad.

Porque, así como el principio de la sabiduría es temer al Señor, así el principio de todo pecado es la soberbia; y como el amor de Dios se atribuye a sí mismo la perfección de la sabiduría, así la desesperación reclama para sí la consumación de toda malicia. Y así como de tu propio conocimiento nace en ti el temor de Dios, y del conocimiento de Dios se origina el amor al mismo, así, contrariamente, de tu personal desconocimiento surge la soberbia, y de la ignorancia de Dios procede la desesperación. Así, pues, la ignorancia de ti mismo te acarrea la soberbia, pues engañado por una mentalidad ciega y falaz, te crees mejor de lo que en realidad eres. Precisamente en esto consiste la soberbia, aquí está la raíz de todo pecado: en considerarte a tus ojos mejor de lo que eres ante Dios, mejor de lo que eres en realidad.

No existe, pues, peligro alguno, por más que te humilles, por más que te consideres menos de lo que eres, es decir, menos de lo que la Verdad te valora. Es, en cambio, un gran mal y un peligro horrendo si te crees superior, por poco que sea, a lo que en realidad eres, o si en tu apreciación te prefieres aunque sólo sea a uno de los que tal vez la Verdad juzga igual o superior a ti. Un ejemplo aclarará la idea: si pretendes pasar por una puerta cuyo dintel es excesivamente bajo, en nada te perjudicará por más que te inclines; te perjudicará, en cambio, si te yergues aun cuando no sea más que un dedo sobre la altura de la puerta, de suerte que te arrearás un coscorrón y te romperás la cabeza. Así ocurre a nivel espiritual: no hay que temer en absoluto una humillación por grande que sea, pero hemos de tener un gran horror y temor al más mínimo movimiento de temeraria presunción. Por lo tanto, oh hombre, no te atrevas a compararte con los que son superiores o inferiores a ti, no te compares con algunos ni siquiera con uno solo. Porque ¿qué sabes tú, oh hombre, si aquel uno, a quien consideras como el más vil y miserable de todos, qué sabes —insisto— si, merced a un cambio operado por la diestra del Altísimo, no llegará a ser mejor que tú y que otros en sí, o si lo es ya en Dios?

Por eso el Señor quiso que eligiéramos no un puesto mediano ni el penúltimo, ni siquiera uno de los últimos, sino que dijo. Vete a sentarte en el último puesto, de modo que sólo tú seas el último de todos los comensales, y no te prefieras, ni aun oses compararte, a ninguno.




sábado, 8 de septiembre de 2018

Procesión de la Virgen de san Lorenzo

Natividad de la Virgen
Hoy celebramos la muestra, el primer signo del Plan trazado por Dios: de dos padres ancianos, pero fieles y tremendamente  confiados en Él, nacería una preciosa niña, la que sería su 'elegida', elegida de Dios para ser Hija del Padre, Esposa del Espíritu Santo y Madre de Jesucristo.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Señor, quiero convertirme a ti

Señor, quiero convertirme a ti...,
             dejar mis caminos y mis juicios humanos
             y empezar a caminar por tus caminos...

Señor quiero que seas la única ocupación de mi vida
            que la obsesión de mi corazón seas tú, sólo tú...

Señor, quiero convertirme, día a día, más a ti,
             en los pequeños detalles que constituyen
              mi trabajo diario..

Señor, ayúdame a convertirme a ti,
             Yo solo no puedo....
              Tanto lo he intentado y siempre vuelvo
               a quedarme encerrado en mi....

Señor, ayúdame a convertirme a ti.....
             Sal a mi encuentro,
              alienta mi esfuerzo,
               acoge mis pasos vacilantes.....

Señor, ayúdame a empezar cada día,
             sin desanimarme por la debilidad de ayer....
             Hoy es un día nuevo sin estrenar.......
              Y quiero convertirme a ti.

Señor, ayúdame a convertirme a ti...
             Que sienta en mi corazón tu Espíritu,
              como una luz
              que ilumina mi camino hacia ti......
               y que me impulsa con el calor de su amor.

Señor, convierteme Tú a ti........
             Después del intento de cada día,
              se tu mi hogar donde me encuentre contigo
               al atardecer del dia.....

Señor, convierteme a ti......
             Se tú mi descanso......,
             mi sueño..........,
             mi amanecer de cada día........
Señor, convierteme a ti........
Señor, convierteme a ti............

domingo, 29 de julio de 2018

San Joaquin y Santa Ana

Un año mas se celebra en la iglesia la festividad de nuestros patronos, una misa concelebrada por el capellán don Luis, don Rogelio, don Jose Oviedo, don Antonio Fraile y don Jesús Mateo.
Nos acompañaron cofrades y devotos de los santos.
Al terminar la misa concluimos la novena a los santos.
Con palabras de don Luis, si santa Teresa que era santa ponia sus conventos bajo la protección de santa Ana, nosotros no seamos tontos y pongamonos bajo la protección de los santos.

Bodas de oro sacerdotales

Don Jose Oviedo ha celebrado sus 50 años de sacerdocio, con una misa de accion de gracias, acompañado por amigos y haciendo un hueco en la apenada agenda familiar.
Acompañado asi como por las hermanas que asistieron a una celebración pequeña, en nuestro coro, recogida con cantos y armonización apropiados.
Don Jose muy motivado rememoró aquel día, «Sacerdote de Cristo para los hombres» su lema sacerdotal y la foto de la madre.